4 preguntas que plantearse antes de producir alimentos

Vender nuestros productos a precios muy bajos o ceder gran parte de nuestras ganancias a intermediarios es una realidad que podemos evitar. En este artículo explicaremos qué debemos tener en cuenta antes de producir alimentos para que esto no suceda.

Un día llega el vecino a tocar nuestra puerta. Entra feliz, saltando en un pie.

– ¿Qué pasa Pepito?  

Respira hondo y nos cuenta que vendió sus cinco hectáreas de fréjol a un supermercado que va a hacer enlatados para su marca blanca.

El martes pasará el camión a llevarse todos los fréjoles ensacados y de paso le van a pagar todo en efectivo. Encima dicen que quieren comprarle nuevamente en 6 meses.

Nos da alegría por el vecino. Igual estuvo meses enteros cuidando día y noche sus fréjoles.

Decimos, qué buena suerte la del Pepe.

Pero… ¿por qué a mi no me pasan esos golpes de suerte?

La respuesta es simple: no se trata de suerte, se trata de plantearse ciertas preguntas antes de plantar la primera semilla o de comprar la primera cabeza de ganado.

En este artículo vamos a explicar en detalle estas preguntas para poder obtener ganancias justas, prescindir de intermediarios y posiblemente conseguir un cliente a largo plazo.

Pregunta #1

¿Cómo funciona el mercado en donde quiero vender mi producto?

Los mercados son tan variados como el color de las frutas y las verduras

Tenemos tres hectáreas destinadas a plantar maíz. Ya lo hemos plantado antes y en varias ocasiones hemos terminado casi regalándoselo al intermediario.

“Es que está barato”. Nos dice.

Pero esta realidad no tiene porqué ser así siempre. La historia puede ser diferente si analizamos un poco del mercado. Para esto, es fundamental preguntarnos cuál será el destino final de nuestro maíz. 

El mercado del maíz puede ser muy diverso. El producto puede acabar dentro de una lata que se vende en un supermercado a nivel nacional, en una ensalada que se vende en una cadena de restaurantes, en un paquete de tortillas mexicanas, etc.

No queremos abarcar todo el mercado. Más bien, queremos encontrar un segmento al que podamos vender.

Un buen ejercicio para analizar el mercado en dónde quiero vender mi producto es escribir en un papel todos los posibles destinos del mismo.

Si se nos dificulta hacerlo, nos podría dar una imagen más clara de todas estas posibilidades ir a un supermercado a ver todo lo que se podría hacer con el producto. 

Las manzanas pueden convertirse hasta en vinagre.

Pregunta #2

¿Con qué características y en qué volumen debo vender?

Sabemos muy bien que no es lo mismo plantar 100 metros que 100 hectáreas. En términos de horas de trabajo y de cuidado, existe una diferencia abismal entre lo uno y lo otro.

También sabemos que el maíz que comen los animales tiene diferentes características al que se usa para hacer aceite.

Supongamos que hemos identificado que nos gustaría que nuestro maíz sea el alimento de las vacas de una empresa ganadera cercana a nuestra comunidad.

Probablemente, la empresa ganadera tendrá en claro qué tipo de maíz quiere comprar. Puede que le interese un maíz graneado en vez de mazorcas. Puede que necesiten 5 hectáreas en vez de 2 de acuerdo al volumen de animales que tengan.

Las posibilidades pueden ser enormes, por lo que lo ideal es considerar estas necesidades antes de plantar.

Sin embargo, para lograr una proyección bastante precisa se debe entrevistar al dirigente o gerente del mercado en cuestión.

Si lo hacemos y verificamos esta información con nuestro potencial cliente, sabremos a ciencia cierta el volumen y las características que se necesitan de nuestro producto.

Esto nos permitirá tener la certeza de que todo, o casi todo lo que plantemos, se venderá.

Pregunta #3

¿Qué prácticas pos-cosecha son requeridas?

¿Maíz desgranado o mazorcas?

Es importante tener muy en claro qué tratamiento necesitará nuestro producto una vez que haya sido cosechado.

Volviendo al ejemplo del maíz, su tratamiento poscosecha dependerá completamente de su uso final.

El maíz que será alimento de vacas se vende en granos.

Desgranar el maíz es una operación que puede llevar mucho o poco tiempo considerando el volumen. Un desgranador automático puede hacer el trabajo mucho más rápido que hacerlo manualmente. 

Esto significa que, si no contamos con esta tecnología, nos podría llevar muchas más horas de lo esperado llegar a la calidad que nuestro cliente necesita.

Con respecto a los insecticidas, serán totalmente diferentes si es que nuestro maíz está destinado a ser alimento o semilla. 

Cada producto tendrá sus propias prácticas poscosecha, pero es muy importante identificar previamente estas prácticas para posteriormente no llevarnos ningún tipo de sorpresa y entregar el producto a tiempo y con la calidad esperada.

Pregunta #4

¿Cuánto sale y cuánto entra a mi bolsillo?

La pregunta de oro: ¿cuánto recibiré por mi producto una vez cosechado?

Entendemos que puede sonar contradictorio plantearnos esta pregunta antes de producir alimentos.

Como ya sabemos, no existen reglas exactas sobre cuánto deberíamos cobrar por nuestros productos.

Pero lo que sí podemos saber es cuánto nos costará la producción de nuestro producto, y en base a eso hacer una proyección sobre cuánto merecemos ganar.

Con una proyeción correcta, obtendremos los beneficios justos de nuestros productos.

Producir un producto es una inversión de trabajo, de dinero y principalmente de tiempo.

Estos son algunos aspectos a tomar en cuenta para realizar una estructura de costes para nuestro producto:

–       Precio por unidad de acuerdo a las preferencias del comprador (producto, variedad, calidad, procesado, tamaño y color de envase, etc.)

–       Requerimientos de transporte.

–       Costo del proceso de conservación poscosecha (insecticidas, almacenamiento, tecnología requerida)

–       Tiempo de espera hasta el pago

Con todos estos aspectos, tendremos un número exacto de cuánto será nuestra inversión.

Lo recomendable para establecer un precio, aparte de todos los aspectos antes mencionados, es también considerar todas las horas de trabajo en la tierra, para acordar un precio justo que nos permita seguir produciendo sin tener una presión monetaria encima.

Hay mercados de productos que a menudo tienen sistemas únicos y de acuerdo a sus propias características y exigencias, ofrecen oportunidades de venta a mejores precios.

Considerar los diferentes mercados posibles antes de plantar hará que aumenten las posibilidades de que nuestro producto se venda en su totalidad y a un precio justo.

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